En IMQ llevamos más de 90 años cuidando de la salud de las personas de una forma muy nuestra: estando cerca, escuchando y acompañando en los momentos que de verdad importan.
Detrás de cada persona que confía en nosotros hay miles de profesionales a su lado. Porque la cercanía y el compromiso no son solo palabras, han sido siempre nuestra manera de hacer las cosas.
“Lo primero es tener alguien que te acompañe, que te dé confianza y que siempre responda. En el fútbol y en la vida”.
Toni Martinez, jugador del Deportivo Alavés
“Lo primero es saber que todos están bien. Cuando pienso en la salud de mi familia, necesito a alguien en quien confiar.”
Iñaki Williams, jugador del Athletic Club
“Lo primero siempre es sentirse acompañado y tener una respuesta cuando la necesitas”.
Igor Zubeldia, jugador de la Real Sociedad

Fundado en 2017 por el Dr. Víctor Manuel Orive y la Dra. Mar Calvo, el Centro Vasco de Aparato Digestivo está compuesto por un prestigioso equipo de 21 médicos especialistas en Gastroenterología con una dilatada trayectoria profesional que les ha permitido convertirse en el centro de referencia más grande de Euskadi, a nivel de la medicina privada, en la especialidad de Aparato Digestivo.
Además, cuenta con el apoyo del personal de las clínicas IMQ Zorrozaurre y Virgen Blanca donde se realizan las exploraciones e intervencionismos endoscópicos.
La Dra. Mar Calvo nos cuenta algo más sobre el centro y sobre su trayectoria a lo largo de estos años.
Dra. Calvo, ¿cómo se decantó usted por la especialidad de Digestivo?
La verdad es que llegué a ella por casualidad. Estudié Medicina en Vitoria y en 4º de carrera el Dr. García Campos (antiguo jefe de Digestivo de Txagorritxu) ofreció al estudiante que mejor nota sacase ser su interno.
Así que me puse a estudiar sin siquiera saber si me gustaba la especialidad y conseguí el puesto. Estuve como interna en Digestivo de Txagorritxu todo el segundo ciclo de carrera. Me encantó la experiencia y para cuando hice el MIR lo tenía claro; tanto que llevo en Digestivo desde los 21 años y a mis 55 me sigue apasionando.
Hice la especialidad en el hospital de Galdakao con el Dr. Víctor Orive. Tengo un grato recuerdo recuerdo, de la época de residente, me divertí mucho, estudié, aprendí de mis compañeros y mis médicos adjuntos (sobre todo del Dr. Bernal) y el doctor Orive fue el maestro que todo alumno desea tener.
Y de ahí a la privada
Abrí mis primeras consultas en el centro Andramari de Galdakao y en el centro Dublang de Gernika.
Mis inicios en la privada fueron algo duros pero conté con la gran ayuda de dos personas: el Dr. Hipólito Suárez, que fue quien me ayudó a entrar en IMQ y una enfermera de endoscopias del hospital de Galdakao (Izaskun Urquijo) que contribuyó a formar y enseñar el manejo de la Endoscopia al personal de la antigua clínica Vicente San Sebastián.
Estando allí, me llamó el Dr. Egana del antiguo Hospital Santiago de Vitoria y estuve trabajando en ese hospital 3 años, hasta que saqué una plaza fija en el hospital de Mondragón en el que estuve 12 años… Fue una época complicada pero que me curtió mucho.
Por aquellos entonces las endoscopias se hacían sin anestesia con todo lo que ello suponía… pero gracias a grandes profesionales como enfermería se lograba hacer exploraciones duras y sin sedar infundiendo cariño y tranquilidad al mismo tiempo.
Recuerdo la frase de la enfermera Conchita, ahora ya jubilada: «solete, tranquilo, en breve terminamos…».
Allí empezamos mi compañero y gran amigo el Dr. Otazua y yo a pedir sedación para las endoscopias, pero las cosas no eran fáciles y tuvimos que pelearlo mucho.
Recuerdo que una de las múltiples veces que fui a quejarme, me excusé de antemano con el gerente, le dije que era consciente de que protestaba mucho, y me respondió «yo sé quién protesta con criterio y quién no».
Mientras estaba en Mondragón abrí consulta privada en Bilbao para acercarme a la clínica Vicente San Sebastián donde hacía las endoscopias y me decidí a formar una familia y adopté una niña de Kazajistán. Entonces empezaron los madrugones y el no poder llegar a todo como era debido y tuve que cerrar las consultas de Gernika y Galdakao con gran pesar, sobre todo la de Gernika que era la más alejada de Bilbao.
Me centré en mi plaza de Mondragón (aunque reduje jornada laboral) y en mi consulta de Bilbao. La privada me fue muy bien y llegó el momento de hacer otra renuncia y dejar la plaza de Osakidetza. De Mondragón se me hacían pesados los viajes, pero me llevé conmigo el gran recuerdo de grandes compañeras tanto auxiliares como enfermeras como de mi compi el Dr. Otazua.
De todos los sitios en los que he estado, la verdad, es que me he ido con pena, pero hay que priorizar y compatibilizar vida personal y laboral y a veces conlleva renuncias.
¿Cómo y cuándo nace CAVDi?
La idea de CAVDi surge entre Víctor Orive y yo. El Dr. Orive fue mi primer jefe, al que siempre se idealiza y te parece la bomba. Pero es que, además, reúne tres cualidades que para mí son fundamentales: es buena persona, buen profesional y excelente compañero.
En 2016 tenía mucha lista de espera para la consulta de Digestivo. No había casi especialistas en este campo y atendían estos casos los de Medicina Interna y Cirugía General que tienen una formación diferente a la nuestra.
Viendo esa escasez y sabiendo que Víctor se jubilaba en Basurto, le propuse venir a la privada. Con la fama que tenía le iban a seguir muchos médicos y yo tenía muchos pacientes con lo que entre los dos hacíamos el combo perfecto.
En estos momentos voy de la mano de los Orives (padre e hijo, Víctor y Aitor) y de otros médicos socios de CAVDi.
Ambos Orives son grandes personas y médicos (muchas veces le digo a Víctor que Aitor lo tenía muy difícil pero que le ha superado). Ambos me parecen fantásticos y lo mejor es que cuanto más tiempo paso con ellos más me gustan como personas y más los admiro como profesionales.
CAVDi cuenta con 21 especialistas y la mayoría jóvenes
Me encantan los profesionales jóvenes. Aportan frescura, energía, ganas y llegan muy estudiados. Tienen una gran capacidad de trabajo y de aprendizaje y además tecnológicamente están mucho mejor preparados.
La Medicina ha evolucionado mucho. Se ha pasado del médico que sabía de todo, a la especialidad y ahora a las hiper-especialidades. Y es que es imposible saber de todo, acudir a todos los congresos y formarte en todo debidamente.
Lo bueno, la suerte, es trabajar en un equipo grande en el que cada uno tenga su hiper-especialidad de modo que se puedan atender todos los casos en su integridad, pero de manera minuciosa. Aquí disponemos de médicos especialistas en Aparato Digestivo que se forman de manera más concreta en determinadas patologías o enfermedades. Tenemos expertos en páncreas, hígado, patología funcional, enfermedad inflamatoria intestinal, motilidad, endoscopia avanzada y de la obesidad, lo que nos convierte en un grupo heterogéneo capaz de dar cobertura a toda la especialidad digestiva.
Es una de las especialidades mejor valoradas por los pacientes de IMQ
Reconozco que vengo contenta a trabajar e imagino que eso se nota. Me gusta la gente con la que trabajo, me gustan los pacientes, me gusta mi especialidad.
Reconozco que vengo contenta a trabajar e imagino que eso se nota. Me gusta la gente con la que trabajo, me gustan los pacientes, me gusta mi especialidad.
Para que funcione tu trabajo como médico es fundamental ganarte la confianza del paciente, pero la confianza ni se compra ni se vende, se genera. Yo tengo pacientes que llevan ya muchos años conmigo. Tengo alguno que lleva ya 25 años, desde que abrí mi primera consulta en 1999… un enfermo celíaco que diagnostiqué con 45 o 50 años y que estaba etiquetado, de forma errónea, de síndrome de cansancio crónico…
La medicina es una ciencia inexacta y no siempre sabemos todo… y dudamos como personas que somos… hay veces que tras una consulta le digo al paciente «te voy a comentar con mis compis» o «te voy a pensar». Hay casos que requieren darles una vuelta con tranquilidad, comentarlos en sesiones clínicas, preguntar a compañeros que sabes que te pueden ayudar con sus comentarios o incluso redirigir al paciente.
Cada día me toca batallar con la salud y atender a gente tumoral, pero soy muy consciente de que en cualquier momento la vida te puede cambiar de lado. ¡Tener salud es una lotería y soy muy consciente de eso!
Ahora que recibimos a los estudiantes de medicina, les insisto mucho en humanizar la medicina, les insisto en que hay que tratar a los pacientes como te gustaría que te tratasen a ti, hay que empatizar y personalizar la relación médico paciente.
¿Cuáles son las patologías que más atiende?
Las patologías más frecuentes son las funcionales como la dispepsia, el colon irritable… pacientes con digestiones pesadas, flatulencias, meteorismo…
Otra patología frecuente y en alza es el hígado graso.
Cada vez tenemos más pacientes, pero es que cada vez somos más longevos, diagnosticamos más, miramos más, sabemos más…
Y desde un punto de vista endoscópico con el auge de la sedación y la mejora en las técnicas endoscópicas cada día se explora más además de la gran incidencia de cáncer colorrectal que hay a nivel poblacional y la rentabilidad de la colonoscopia en su prevención.
¿Qué es lo que más y lo que menos le gusta de su trabajo?
Lo que más me gusta es el trabajo en sí. Es un trabajo muy agradecido. Los pacientes te dan las gracias por hacer tu trabajo, sean buenas noticias o malas.
Lo que menos me gusta que soy pobre en tiempo. Soy una lectora nata, pero dispongo de poco tiempo libre. Siempre pido que Dios me conserve la vista tras mi jubilación para leer todos los libros que tengo metidos en el iBook.
¿Qué hace Mar cuando cuelga la bata, además de leer?
Me gusta reunirme con familia y amigos y salir de comida o cena, aperitivos, ir al monte con gente además de con el perro, jugar a pádel, y me encanta viajar…
Siempre digo que soy pobre en tiempo, pero rica en amigos y familia. Le dediqué mi tesis doctoral a mi familia por ser el gran pilar de mi vida. Tengo mucha riqueza en ese sentido.
Javier Laiseca tienes 61 años y un trabajo que le apasiona en un centro profesional en el que se toman muy en serio los talleres de reanimación cardiopulmonar (RCP) y primeros auxilios. Tanto es así, que los y las alumnas realizan anualmente el taller y las y los docentes cada dos años. Hay que estar preparado por si algún día ocurre… Ser consciente de que tus manos han podido salvar una vida y no lo han hecho puede generar un trauma para toda la vida. Javier lo sabe y está muy concienciado, pero lo que no podía sospechar es que el protagonista iba a ser él. Y no precisamente como salvador…
¿Cómo estás Javier?
Pues muy bien. Trabajando en todos los sentidos. Trabajando desde septiembre en mi centro y en mi salud. Rehabilitación, comida y ejercicio. Estoy cañero, cañero.
Cuéntanos, ¿qué paso?
El pasado 27 de marzo al mediodía sufrí un infarto justamente en la recepción de la clínica de Zorrozaurre y gracias a la atención inmediata que recibí, pues puedo estar hoy aquí contando mi experiencia. Recuerdo que ese día era el último día laboral antes de coger las vacaciones de Semana Santa. Me levanté a la mañana con una sensación rara, como de cansancio, pero lo achaqué fundamentalmente al final de trimestre. Necesidad de descanso. Y me fui a trabajar como todos los días. Estuve en mi oficina prácticamente toda la mañana, hasta las 12.00 que me fui a una reunión. Allí ya me empecé a encontrar mal… una sensación rara, como de que me costaba un poco respirar, pero bueno, tampoco le di mucha importancia, lo relativicé y continué hasta que acabó la reunión a eso de las 14.00.
Ya en ese momento me empezaba a doler el brazo izquierdo un poco, pero bueno, salí de la reunión sin decir nada, me despedí diciendo que me marchaba de vacaciones y deseándole buenas vacaciones al resto. Me monté en mi coche y salí para Bilbao con idea de irme a casa. Pero en el recorrido se fue complicando la cosa. Ya me costaba un poco más respirar. Fui buscando artimañas para poder mejorarla. Abrí las ventanillas del coche por la autopista, entraba aire. Eso me facilitaba respirar. Puse también el aire acondicionado para que me diese aire. Y ya cuando llegué a Bilbao pues me encontré con un atasco monumental porque era el día de las entradas del Athletic para la final de Copa.
Y bueno, al final, ya después de varias pericias, acabé decidiendo ir al hospital. Aparqué en el parking, subí por las escaleras… subí por las escaleras porque iba ya un poco como un autómata… ya no conseguía razonar… ni se me ocurrió buscar el ascensor. Simplemente subí por las escaleras y me puse en la cola de la recepción.
Realizaste la prueba de esfuerzo por tu cuenta… ¿Y una vez en recepción de urgencias?
Había dos personas delante de mí, me acuerdo perfectamente. Y ahí perdí el conocimiento. Miércoles 27 y ya no tengo absolutamente ningún recuerdo de nada hasta el domingo que me comencé a despertar en la UCI.
Tenías el móvil desbloqueado y marcado tu AA
La verdad es que el tema de desbloquearlo se me ocurrió por si alguien tenía que utilizarlo. Desactivar el acceso por huella digital por si yo no estaba… y el tener una persona siempre como llamada de emergencia es algo que lo aprendí en uno de los cursillos de RCP curiosamente y lo activé. Y gracias a eso pudieron localizar a mi pareja inmediatamente y pudo venir rápidamente a Zorrotzaurre… es una cosa que vas aprendiendo y que vas poniendo en práctica y que me sirvió en ese asunto.
¿Todas las y los trabajadores habéis hecho el curso de RCP?
Sí, de hecho, es una norma dentro de la empresa y ahí, en aquel curso, lo aprendí.
O sea que sabes perfectamente lo que te hicieron
Sé perfectamente en el plano teórico lo que me hicieron, pero no tengo ninguna experiencia vivencial de lo que soporté ni de lo que pasé, que debió ser mucho por lo que me han contado. Pero mi nivel de pérdida del conocimiento fue total y por lo tanto no recuerdo nada y tengo un vacío en esos cuatro días.
Cuando te despertaste después de cuatro días, ¿cómo te sentiste?
Primero una sensación de no saber dónde estás, ¿qué hago aquí? ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Un desconcierto total, pero en nada, en segundos, apareció una enfermera: “Tranquilo, estate tranquilo, serénate. Has tenido un incidente cardiaco. Estás bien. No te preocupes. Tranquilo, tranquilo, tranquilo”.
Y mi obsesión era que me quitaran aquel tubo de la boca. No se me olvidará jamás la cara de la persona que me atendió, que casualidad, era hermana de un compañero mío de trabajo, y enseguida se identificó para aumentar mi nivel de tranquilidad. Eso se lo agradeceré siempre.
El mundo es un pañuelo y el botxo es muy pequeño
Es una pasada, una pasada.
¿Cuánto tiempo estuviste ingresado?
Estuve en la UCI hasta el martes. El miércoles pasé a una de las habitaciones de hospitalización y el viernes me fui para casa. O sea que ingresé un miércoles y salí un viernes de la siguiente semana. Relativamente poco, por lo que me dijeron.
Uno de los mayores riesgos eran las posibles secuelas por haber estado tanto tiempo en parada… porque fueron 40 minutos aproximadamente. Gracias a Dios, gracias a algo, no me ha dejado ninguna y la recuperación ha sido mucho más
¿Ha habido alguna intervención?
Mientras estuve en clínica me colocaron dos stent y a la semana siguiente de darme el alta me colocaron otro. Pero fue muy rápido porque vine a las 08.00 y a las 15.00 de la tarde estaba comiendo en mi casa. Y en estos momentos, me encuentro muy bien. Me encuentro físicamente muy bien, estoy trabajando, estoy haciendo una vida normal, lo mismo que hacía antes, pero con ciertos cuidados o precauciones en cuanto a la alimentación, en cuanto a unas pautas de medicación, de aumento de ejercicio físico… lo cual me ha producido una gran satisfacción porque he descubierto partes de mi cuerpo que no conocía, que me empezaron a doler cuando empecé a hacer ejercicio. ¿Qué me duele aquí? No es que ahí hay un músculo… ¡en 60 años yo no he sabido que había un músculo ahí! Y bueno, pues de alguna manera eso también hace que en estos momentos me encuentre mejor.
Danos las pautas
Hay que hacer una vida normal, es decir, comer lo normal: no abusar de grasas, no abusar de la comida. Para los que nos gustaba comer y disfrutábamos de ello, quedarnos siempre con un poco de hambre al acabar, evitar los dulces… Todo lo que son elaborados industriales, ese tipo de cosas, todo fuera. Lo mismo que la sal.
Y con tres días a la semana de ejercicio y unos buenos paseos, suficiente. Esas son un poco las pautas que en estos momentos estoy llevando.
¿Ha sido tu primer incidente cardiaco?
Nunca me había pasado nada. Y cuando digo nada es nada… Es la primera vez en 60 años que estoy hospitalizado.
Es cierto que he sido siempre hipertenso, pero bueno, tomaba mi pastilla y punto. Y si un día se me olvidaba, tampoco le daba mucha importancia.
Parece que tengo una genética que me ayuda en este tipo de cosas y bueno, ahora tengo que cuidar yo la genética. O sea, la genética me ha cuidado a mí y ahora me toca a mí cuidar a la genética.
¿Qué recuerdos tienes?
Me acuerdo del doctor Carlos Custodio. Me atendió en urgencias y allí estaba cuando me desperté en la UCI.
No recuerdo los 4 día que pasé en la UCI, pero sí que cuando me desperté sentí que, a pesar de haber estado inconsciente, alguien me había tratado con mucho cariño.
Y esto sí que es un elemento que quiero recalcar. Es decir, el parte técnico profesional yo la daba por hecho… son personas cualificadas, con competencias, pero todo lo que tiene que ver con ese marco relacional -porque tú eres vulnerable físicamente, pero también eres vulnerable emocionalmente cuando estás en una situación de esas- y esa empatía, esa cercanía, ese cariño, realmente creo que eso hace más que la propia medicina. Yo eso lo viví desde el minuto uno que me desperté.
De hecho, lo sigo percibiendo. A veces me vienen recuerdos como si alguien me estuviera hablando… La cercanía, el cariño que sentí, creo que han sido claves en mi recuperación. Desde el celador, que no me conocía de nada y se quedaba apoyado en la pared de esa habitación en la que estás solo y las horas parece que no pasan y se queda hablando de fútbol, de la final del Athletic, a pesar de haber terminado ya su jornada laboral; hasta las enfermeras, los médicos… Para mí eso es clave. Esa parte humana, esa parte de sensibilidad, me parece que es gran parte de la recuperación y la rehabilitación de un paciente.
Te recuerdan mucho. Para ellos también fue muy emocionante, muy gratificante, tu recuperación
Hay cosas que se valoran mucho… Al de una semana de salir tuve que volver para la intervención y resulta que cuando fui a ingresar viene a verme el médico que me había atendido en la UCI porque vio en las listas mi nombre. Se acordó de mí, vino a saludarme. Eso no tiene precio. Se pasa de los límites de lo profesional. Es más, lo vocacional, lo humano, y eso, se valora.
Consulta ambulatoria
“Gracias a IMQ vivo muy tranquilo por lo que respecta a mi salud: digestivo, cardiología, etc. Procuro llevar una vida sana y el apoyo de IMQ es fundamental para ello.”
José Manuel, Bilbao
Urgencias
“Quiero destacar la calidad humana de todo el personal que me acompañó. Desde celadores, auxiliares y enfermeras hasta el increíble trato del doctor. Me sentí cuidada, entendida y sobre todo bien atendida, como hacía muchos años que no me sentía. Todo el personal actuó más allá del deber y la corrección. Estoy muy satisfecha”.
Miren Josune, Bilbao
Parto en Zorrotzaurre
“He ido para dar a luz a nuestra hija y nuestra experiencia no ha podido ser mejor: el ginecólogo, las matronas y el resto de los profesionales, la profesionalidad, la amabilidad y el cariño en el trato hacia la recién nacida… han sido unos días maravillosos dentro de las circunstancias. No podemos estar más contentos con el servicio.”
Aintzane, Bilbao
Chat médico
“Estoy muy contenta con este tipo de servicio. Son muy rápidos contestando, resuelven el problema o las dudas del paciente y evitan muchas veces llamadas y citas médicas. Es un acierto.”
Rivenia Rosibelle, Bilbao